viernes, 23 de agosto de 2013

Prólogo

Los días no pueden ser todos iguales. Menos cuando tenés toda una vida adelante. Quieres cambiar pero hay algo que no te deja. ¿El miedo es un algo? Capaz, muchas veces no hago cosas por miedo a fallar. Ahí entran en juego el ser aceptado y encajar. No sé si acá pueda encajar, alguna forma debe haber. Sé que alguien me debe querer pero a veces soy yo la que no se arriesga a averiguarlo. ¿Qué hago con los demás? Los ignoro, les respondo. Sé que tengo actitud para esas cosas. Pero la actitud no es mi personalidad, creo que me estoy haciendo como persona y no es demasiado cierto decir que tengo una verdadera personalidad. Me puedo describir como una amante de la música, soñadora, rara; pero es un rara bueno, es raro. Amo estar en familia, aunque a veces me meto en problemas  de adultos como dice mamá. Mis amigos son muy pocos, y no le puedo decir “Te quiero” a cualquier persona. Me considero  buena amiga, pero a veces siento que no me dan nada a cambio. Pienso que hay personas que piensan igual que yo, que no creen que hay que ser popular y tener millones de “amigos” para ser feliz. Creo que no quiero romper los moldes, no quiero ser diferente, pero no quiero ser así. Histérica y falsa, odio eso. Quiero que eso cambie, para poder cambiar un poco yo.  Hay muchas cosas más, innumerables. Pero mi mayor problema es no saber dónde estoy. Soy madura y soy una nena a la vez. En el medio. En la adolescencia, así con los dos pies encima pero sin dar ningún paso. Todos me hablan de lo linda que es, pero, en realidad, yo todavía estoy demasiado confundida cómo para hablar. Y quiero que me escuchen, me van a escuchar. Esa es mi idea.

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